¿Qué significa ser un formador hoy en día?

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¿Qué es ser un formador?. Esta pregunta era formulada por un gran pedagogo francés, Jacky Beillerot, hace veinte años en un curso de la UBA. Yo tomaba notas en un cuaderno universitario que hoy he perdido entre mis cajas de apuntes. Por suerte tiempo despues publicaron sus clases en un pequeño libro titulado “La Formación de Formadores (entre la teoría y la práctica)”. El libro ha sobrevivido varias mudanzas y aún sigue de píe en los estantes de mi biblioteca. (Me tomo unos minutos y hago una búsqueda en internet. Encuentro el texto en Novedades Educativas)

Beillerot nos hablaba entonces del oficio y las tareas del formador/a. Este autor incluía como formadores a los docentes, los maestros, los profesores, los pedagogos, los instructores, los facilitadores, los entrenadores, los tutores y educadores populares. Hoy bien podríamos agregar también al coach, a los mentores y a los propios comunicadores sociales. Es decir todos y todas aquellas personas que dedican su vida profesional, que tienen el oficio de “ayudar a la gente a aprender” como dice Beillerot en su libro.

Las tareas de este oficio o profesión que este autor nos compartía en aquel entonces eran: saber administrar un grupo, poder analizar el entorno, saber concebir un dispositivo, tener la habilidad para construir la coparticiapación, construir un plan pedagógico, saber implementar la formación y por último poder evaluar y capitalizar los resultados y aprendizajes.

Me impacta mucho la actualidad de aquel conocimiento. Sin embargo este sentimiento también me incomoda. Han cambiado muchas cosas en el escenario social y educativo. Nuevas generaciones de formadores se han incorporado a la cofradía. Hace algunos años las nuevas tecnologías nos han encantado como sirenas en un mar de datos y dispositivos. Beillerot nos decía en aquel entonces que“ ser formador es también comprometerse a tener desafíos consigo mismo”.

Y en mi opinión el mayor desafío que tenemos como formadores/as es poder abrirnos a los cambios que nos propone la “civilización digital”. Alejandro Piscitelli en su libro “El paréntesis de Gutenberg”, nos muestra como ya nos estamos enfrentando con otros lenguajes, con otras formas de producir conocimientos, nuevos soportes para comunicarlos y otros espacios de aprendizaje que interpelan a la enseñanza tradicional basada en la presencia, el texto escrito y reproducción como forma dominante de evaluación. El formador de hoy debe comprender y manejar los hipertextos y las narrativas transmediaticas como una forma de incorporar el océano de conocimientos que lo rodea. El desarrollo de sus propios criterios (¿o algoritmos?) se busqueda y selección de contenidos es una de las nuevas tareas y habilidades de un formador en la era digital.

No estoy haciendo una apología de los nuevos medios digitales, tampoco soy un apocalíptico que defiende el poder del encuentro presencial y la romántica idea de un formador sabio de barba que tiene casi todas las respuestas a nuestras preguntas, que hoy lo veríamos como un señor google de carne y hueso. (¿Se acuerdan de Humberto Eco y sus Apocalípticos e Integrados?) Lo que intento hacer aquí es mantener una mirada que tome un poco de todas las posturas sobre como debe ser un formador en nuestro contexto actual.

El genial Beillerot cerraba su clase de aquella noche, dedicada a responder la pregunta sobre qué es ser un formador/a, con un par de conclusiones magistrales que de algún modo hoy siguen vigentes y nos animan a profundizar lo que hemos planteado aquí. La primera era simple pero poderosa: lo inacabado del ser humano. El aprendizaje nunca termina, va más allá de las instituciones de formación. La segunda conclusión era la especificidad de educabilidad del adulto. La formación de los niños y los adultos no es la misma. El adulto requiere de nuevos dispositivos, de otras técnicas y por supuesto de asumir más riesgos. Y esa es justamente, en mi opinión, la principal habilidad o tarea del formador: saber aprender de nuevas maneras y enseñar con nuevos métodos. Esto se logra a través de interrogarse sobre su propio aprendizaje, los medios, los espacios, las motivaciones y sus formadores (humanos y no humanos).

Pero de esto hablaremos en otro post. Ojalá se queden pensando y se animen a armar ideas para compartir. Si quieren leer un post vinculado con esta tematica vayan “Teorías implicitas sobre la enseñanza en los capacitadores”